Es una constante que en los yacimientos prehistóricos aparezcan materias colorantes (pigmentos en la prehistoria) en formas de nódulos, de colorante en polvo en depósitos de diferente naturaleza o en forma de coloración asociadas a sedimentos o instrumentos. Esto ya fue atestiguado por los primeros investigadores antes incluso de que las pinturas parietales fuesen conocidas y reconocidas, pero estos vestigios han tenido hasta hoy un papel menor en el estudio científico.

Con la aparición del arte paleolítico estos colorantes fueron rápidamente asociados a él, pero más tarde comenzaron a realizarse numerosos hallazgos de restos de coloración en sepulturas de diferentes humanos, lo que llevó a que los estudiosos comenzaran a concederles un papel “religioso o ritual”. (San Juan, 1991, p.105; García Borja et alii, 2004, p.37). Se ha generalizado el término ocre para referirse a cualquier materia colorante de tonos rojos o amarillos encontrada en estratos arqueológicos, lo que deja ver el escaso interés que ha despertado en la comunidad científica e investigadora, ya que se ha comprobado que tan sólo un tanto por ciento de la materia colorante recuperada se ha podido identificar como ocres, siendo el resto óxidos de hierros, tierras ferruginosas, etc. (García Borja et alii, 2004, p. 36).

Una interpretación adecuada

Para que se pueda realizar una interpretación adecuada de estos colorantes es necesario, en primer lugar, que en las memorias de excavaciones arqueológicas se anoten las diferentes coloraciones de los suelos, las acumulaciones de óxidos de hierro o manganeso en restos de hogares y el contexto en el que aparecen, ya que si estos datos no son tomados de una manera rigurosa muchos de ellos acabarán en el apartado de “materiales varios” y no se podrán hacer estudios ni investigaciones. Estos análisis de contextos han permitido que hoy en día se puedan hacer distinciones y se hayan propuesto tres funciones básicas de la materia colorante en la Prehistoria:

  • La expresión artística: Siendo las más destacadas las realizadas en soporte duro, tanto parietal como mueble, pero en este apartado también deberíamos tener en cuenta las efectuadas sobre soporte blando, es decir, las pinturas corporales.
  • Uso doméstico: Usado para diversas funciones, desde el curtido de pieles hasta el desecamiento de tendones para utilizarlos en el enmangue de diversos útiles.
  • Función funeraria: Valor simbólico de la materia. (San Juan, 1991, p.106; García Borja et alii, 2004, p.38)

Algunos minerales utilizados para pigmentos en la prehistoria

Colores más usados

Prácticamente todas las representaciones paleolíticas evidencian una gama cromática muy restringida, ya que parten de sustancias colorantes naturales. Los colores más usados son el rojo, el negro, el blanco y el amarillo, aunque en muchas tonalidades, en función de la saturación, composición, preservación, etc. (Sanchidrián, 2001, p. 56). La materia prima de la que se extraen los colorantes tiene un origen tanto mineral como orgánico, siendo más comunes los obtenidos de los minerales (Sanchidrián, 2001, p. 56; Sánchez Gómez, 1983, p. 251).

  • Blancos: No es un color muy usado en la Prehistoria, y con el tiempo se torna de un tono pajizo. Se realizan a base de mica y caolín.
  • Negros: Este color puede conocerse desde el inicio del conocimiento del fuego. Los negros pueden obtenerse tanto con óxidos de manganeso, grafito y magnetita (óxidos de hierro), como a partir de materia orgánica quemando ciertas sustancias como madera, huesos, excrementos de algunos animales (en la cueva italiana de Porto Badisco las analíticas han revelado que se fabricaría el pigmento negro con guano de murciélagos), etc.
  • Rojos, amarillos y pardos: Son los colores más empleados. Están compuestos generalmente por óxidos e hidróxidos de hierro (hematites, goethita y limonita) y en muy pocos casos de cinabrio (Sanchidrián, 2001, p.56; Sánchez Gómez, 1983, p. 248).

Ver artículo completo: LOS PIGMENTOS EN LA PREHISTORIA: PROYECTO DE EXPERIMENTACIÓN TÉRMICA CON ÓXIDOS E HIDRÓXIDOS DE HIERRO. por Carla Álvarez Romero.

Volver a la tienda

(0)

El dibujo más antiguo de la humanidad es un sencillo trazo en forma de zig-zag hecho hace más de 400.000 años. Su autor no era un Homo sapiens, ni un neandertal, sino uno de los miembros más primitivos de nuestro género: el Homo erectus. Lo más fascinante es que el trazo se realizó unos 300.000 años antes de que los primeros miembros de nuestra especie empezasen a hacer dibujos similares.

Los dibujos geométricos de este tipo se consideran una muestra de pensamiento complejo. Durante siglos se pensó que sólo los sapiens somos capaces de alcanzar ese nivel. En los últimos años se ha empezado a reconocer que también los neandertales podrían ser capaces de ello. Ahora este estudio apunta a que incluso otros humanos más primitivos tenían capacidades similares.

blank

Parte del grabado hallado en una concha del yacimiento de Trinil (Indonesia). WIM LUSTENHOUWER

Dónde estaba el grabado

El grabado fue hallado en una concha de molusco, que fue guardada en un archivo durante más de un siglo.

En 1891, el médico holandés Eugène Dubois se adentró en las junglas de Java (Indonesia) en busca del supuesto eslabón perdido entre monos y humanos. Allí encontró la parte superior del cráneo y un fémur de lo que hoy conocemos como Homo erectus, es decir, que camina erguido.

“El erectus fue el primer homínido que realmente se pareció a nosotros, con las mismas proporciones corporales y un volumen cerebral de hasta unos 1.000 centímetros cúbicos, comparable al de algunos humanos actuales”, explica a MateriaJosephine Joordens, codescubridora del grabadoy experta en reconstruir el clima y el ambiente en el yacimiento de Trinil, en la isla de Java, a través de los sedimentos depositados en las conchas. Joordens dice que el lugar estaba a orillas de un río que discurría por un bosque espeso, en una zona con lagunas y pantanos donde la fuente de alimento más asequible eran los peces y los moluscos.

Fuente: El País

(0)